Crónica de Horror Club, o de cómo luchar por tu vida durante 90 minutos

  • En Horror Club los aspirantes viven una película de terror durante 90 minutos

Escribo esto con el Ave María de Schubert de fondo, esperando que el suave piano y la dulce y calmada voz logren acompasar mi respiración aún agitada; intentando que cesen mis temblores; tratando de que no se rompa el último hilo de cordura que me queda, después de haber averiguado qué es lo que hay detrás del siniestro y elitista club que tiene aterrorizado e intrigado a partes iguales, si es que eso es posible, a todo Madrid.

Un club responsable de asesinatos, secuestros y torturas que, aún así, despierta curiosidad y ganas de entrar.

Y como quien esto escribe y el compañero Alejandro Mangas —más quien esto escribe, que, además de curiosa, es una lianta—, hacemos honor a nuestra profesión y somos periodistas a los que les puede la curiosidad, nos encaminamos a la prueba de acceso, previa reserva.

Empezamos mal, porque casi llegamos tarde por los tramos en obras, y poco tardó en gruñirnos una voz al otro lado del telefonillo de aquel portón oscuro con letras rojas con el logo de Madrid Terror que, ya de por sí, invitaba a entrar sin necesidad de llamar.

Logo Madrid Terror. Extraído del Facebook de Madrid Terror

Si os soy sincera, no recuerdo ni siquiera lo que dijo nuestro anfitrión. Pero supongo que es normal: ahora mismo no me acuerdo de nada por más que lo intente.

Una vez que la puerta se abrió y entramos, nos tragó la oscuridad y empezó nuestra prueba de acceso en modo extreme. ¿O debería decir nuestra lucha por sobrevivir?

Y es curioso. Parece como si la misma oscuridad, al envolvernos, nos hubiera privado de nuestra conciencia de lo que pasaba allí, porque ninguno de los dos recordamos nada. Solo ruidos, luces de colores y voces que daban instrucciones, pero poco más.

Cojo el teléfono y escribo a mi compañero.

-—Álex. Estoy escribiendo la crónica. Oye, ¿tú recuerdas si al entrar había como una mesa, o…?

—Cris. Yo estoy como tú. No me acuerdo de nada, de verdad. Y no me vuelvas a hablar del tema, por favor te lo pido.

—Perdóname por haberte metido en esto, de verdad.

 El tick azul no tarda en aparecer y permanece así por horas, dejándome con un palmo de narices, mirando el móvil como una tonta.

No le culpo: yo le metí en todo este lío, en pos de la información y de hacer saber a la gente qué se oculta tras ese siniestro club.

Y ahora resulta que, después de haber hecho la prueba de acceso, no vamos a poder informar a la gente de lo que pasa ahí dentro.

Disculpadme si no soy de mucha ayuda, pero por más que intento hacer memoria, no me acuerdo de más.

¡Dios! Ni siquiera logro recordar si conseguimos los carnets de socios…

Me llevo las manos a la cara, cerrando los ojos, justo antes de darle un trago a la Coca Cola con hielo que descansa a mi lado mientras escribo esto, deseando con todas mis fuerzas que el refresco cumpla lo que promete y no tarde demasiado en espabilarme, y paro de escribir un rato para seguir tratando de hacer memoria.

No ha surtido efecto. Sigo embotada, temblando y al borde de las lágrimas, que comienzan a deslizarse por mi cara mientras me vienen flashes de la experiencia: empiezo a recordar.

 El frío al desnudarme, una textura suave contra mi piel sin ropa… y dolor. Un dolor que no te mata, pero que lo sientes lo justo como para hacerte entender cuál es tu lugar en esa prueba de fuego. Un dolor necesario si deseas acceder a ese selecto club.

Y mis gritos…

No recuerdo que de mi boca saliera otra cosa que no fueran gritos pidiendo ayuda a mi compañero, que luchaba incansable por resolver los enigmas mientras yo sufría lo indecible a manos de los miembros del club que íbamos conociendo y de los que ni siquiera recuerdo sus nombres.

Me acuerdo que, después de que uno de mis verdugos tuvo a bien liberarme, corrí junto a mi compañero de una sala a otra para intentar resolver aquellos juegos que parecían hechos por el mismísimo Diablo.

Ya me lo dijo uno de los miembros del club con voz suave y susurrándome al oído, justo antes de castigarme por mi torpeza:

—Bienvenida al infierno, querida.

Apago la música, limpio mis lágrimas y mi gesto lloroso se transforma en una sonrisa satisfecha: he conseguido engañaros.

He conseguido que creáis que todas estas lagunas eran a causa de la impresión, de la tensión, del shock, o de qué sé yo.

Pero la realidad es que, ni puedo, ni debo, ni quiero contarlo, porque…

Lo que pasa en Horror Club, se queda en Horror Club. Y si queréis saberlo tendréis que averiguarlo por vosotros mismos.

¿Dónde? En Madrid Terror, Paseo de la Esperanza, 53 (previa reserva en www.madridterror.com)

¿Cuándo? De lunes a domingo (consultar horarios de pases en www.madridterror.com.

El tráiler promete, ¿eh? Pues entrad, entrad…

*****

Desde aquí, nuestro más sincero agradecimiento al personal de Madrid Terror por su amabilidad.

Y nuestra enhorabuena también, por esos tres merecidos premios en los Escape Room Awards (2º premio a Mejor experiencia, 3º premio a Mejor sala de terror, y 3º premio a Mejor acting).

Parte del personal de Madrid Terror en la gala de los Escape room Awards. Fotografía: The Foodinis.
Extraída del Instagram de Madrid Terror.

 Y gracias sobre todo a los Game Masters Danny y Rodri, que, durante los 90 minutos de experiencia nos hicieron sentir en sus manos, con todo lo que ello conlleva: nos sentimos realmente dentro de una película de terror y, al mismo tiempo supieron adaptarse a nuestra poca destreza para resolver enigmas (era nuestro primer escape room), ayudándonos con las pistas en todo momento.

Enhorabuena también a los creadores de la sala, además de Madrid Terror: Mind Trips, En la chácena Producciones, Tono Garzón FX e Iker De la calle Efectos especiales, por todo el trabajo de decorado, ambientación y efectos especiales del recorrido. Un escape room que, más que eso, es toda una experiencia.

Ahora que ya somos socios del Horror Club, amenazamos con volver.

¿Te atreves?

Cristina Bermejo Rey

Periodista y pequeña literata. Cuatro libros publicados. Infinidad de artículos por escribir. «¿A quién vas a tener miedo, si todos hemos salido por el mismo sitio?» (Mi abuela, que era muy sabia).

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