Los comienzos de Aitor Francés el Ilusionista: de los mercados medievales a la magia de riesgo y el escapismo

  • En unos años evolucionó de aprenderse el Magia Borrás a actuar en programas de televisión como las ediciones española y búlgara de Got Talent

MUCHO MÁS QUE APARICIONES EN TELEVISIÓN

Quizá le conozcáis por su paso por Got Talent España, junto a su hermano Shiro el Mentalista; quizá recordáis lo mucho que sufrieron Paz Padilla y Risto Mejide mientras él cortaba con una katana y, para más inri, con los ojos cerrados, las hortalizas que ellos sostenían; tal vez rememoréis su porte serio, enigmático y ese halo de oscuridad en su rostro mientras jugaba con flechas, poniendo, casi por un momento, en riesgo la vida de un asustado Santi Millán.

Aitor Francés (centro), Shiro el Mentalista (derecha) y Santi Millán (izquierda), en una gala de Got Talent España. Foto cedida por Aitor Francés.

Pero Aitor Francés el Ilusionista es mucho más que eso.

Aitor Francés es mucho más que show televisivo: Aitor es una persona enérgica, envolvente, hechizante, con muchísimo vivido y una dilatada experiencia, más allá de los focos y las cámaras.

«Agárrate, que vienen curvas», me dice en un audio de WhatsApp, antes de empezar a hablarme de su trayectoria, que no es poca.

Lo hace con una voz que hipnotiza e invita a escucharle, como todo un contador de historias de la Edad Media. Y yo, como buena escuchante, me pongo cómoda y me dejo llevar por algunas de las peripecias de este trovador moderno.

¿Me acompañáis?

UN ARTISTA DE CUNA

Podría decirse que a este chico lo de los espectáculos le viene de cuna, porque prácticamente se crió en mercados medievales, entre puestos, tenderetes, espectáculos y artesanía.

Foto cedida por Aitor Francés

Y es que sus padres eran artesanos que fabricaban, entre otras cosas, escritorios: pequeños estuches que en su interior albergaban «un abrecartas de bambú, varios pergaminos, un tintero, la pluma de águila para escribir… (…) Incluso lacre y sellos personalizados para que la gente pudiera escribir y enviar sus cartas a mano», recuerda.

El pequeño Aitor se sentía como en casa en aquellos mercados. Tanto, que un día, se escapó del puesto de sus padres y acabó sentado entre el público, contemplando absorto un espectáculo de marionetas.

«Creo que fue ahí donde me empezó a picar la pulguita», nos comenta.

Y el bichín le siguió picando en los años durante los que su padre trabajó en el Benidorm Palace: un Aitor con siete añitos se pasaba en aquel teatro horas, fascinado, viendo ese escenario sobre el que hasta 100 artistas hacían gala de sus talentos, fingiendo ser él mismo el que actuaba sobre él, colándose en los camerinos de los magos …

«Era un trasto», confiesa.

A los diez años le regalaron un juego de magia Borrás y, valga la redundancia, se hizo la magia: el pequeño aprendiz de mago iniciaría un camino que, a lo largo de su vida le llevaría a descubrir la magia en cuatro de sus facetas: de calle -deleitando al público, entre otros lugares, del parque del Retiro-, escapismo, magia extrema y hasta erótica.

¿Queréis saber por qué mágicos derroteros le llevó la vida? Pues cerrad los ojos y deseadlo mucho, porque, ¿quién sabe? quizá pronto nos visite en Teleganés.

¡Estad atentos!

Cristina Bermejo Rey

Periodista y pequeña literata. Cuatro libros publicados. Infinidad de artículos por escribir. Redactora en la web de Teleganés (ocio, cultura, música, sucesos...) y presentadora ocasional de 'Las entrevistas de Teleganés'. «¿A quién vas a tener miedo, si todos hemos salido por el mismo sitio?» (Mi abuela, que era muy sabia).

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